Capitulo 1
Había una vez…
No sé porque
todos los cuentos infantiles comienzan con el HABÍA UNA
VEZ, obviamente no saben lo desgastante que resulta esto para un niño y
lo aburrido que es para un adolescente. Pero este no es un libro infantil y
tampoco es un cuento… vamos a intentarlo de nuevo…
En un lugar muy, pero muy lejano…
Y reitero mi pensamiento, ¿por qué
tenemos que situar cada historia fantástica en un punto lejano? digamos que si
estoy en México lo más lejano para mi debería ser Arabia Saudita… ¿por qué no
empezar una magnifica historia desde el punto de escritura?
En la bella y blanca ciudad de Mérida…
¿Bella?
¿Blanca? ¿Que tiene de bella y blanca? Debería
de ser Aburrida y extremadamente pintoresca….intentémoslo de nuevo, esta vez ya
es la última…
En la pintoresca y tranquila ciudad de Mérida se tenía
un clima pesado, un calor que no te permitía permanecer de buen humor, la
infinitamente grata tranquilidad que te ofrecía la ciudad de Provincia
resultaba acogedora y la belleza del alma de los habitantes de esta mini-urbe
evocaba ser el lugar propicio para el crecimiento de dos jovencitas “Pepy Solís
Montero” y “Mime Salazar”
Era una cálida tarde de verano cuando se
conocieron, el agua azul y cristalina del cenote Ek Balam las invitaba a refrescarse en
las bellas profundidades el mismo…
-uno, Dos, Tres, Cua…- contaba Pepy
mientras iba avanzando a la orilla para poderse tirar un clavado al cenote,
mientras que con un gesto de horror advertía lo que estaba sucediendo. Unos brazos
le estaban empujando fuertemente desde atrás a una velocidad inexplicable
-cinco, seis, siete y ocho- gritaba
mime, que era quien le estaba empujando hacia la aventura de su vida.
De repente cayeron al agua, las risas de
los espectadores se convirtieron en silencios y el cenote se ilumino por completo.
Al salir del agua, Pepy miraba furiosa a
mime, y justo antes de comenzar a reclamarle acerca del pequeño incidente se
dio cuenta de que estaban rodeadas por cientos de pequeñas criaturas algunas con un solo ojo, otras con dos, tres,
cuatro, veinte…
-¿Qué son?- susurro mime con extremada
cautela
-gnomos
-¿serán buenos?-
-no sé, preguntemos.
-por cierto, me llamo Mime…
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